Un solo Dios en tres Personas: El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Un misterio es todo aquello que no podemos entender con la razón. Es algo que sólo podemos comprender cuando Dios nos lo revela.

El misterio de la Santísima Trinidad -Un sólo Dios en tres Personas distintas-, es el misterio central de la fe y de la vida cristiana, pues es el misterio de Dios en Sí mismo.

Aunque es un dogma difícil de entender, fue el primero que entendieron los Apóstoles. Después de la Resurrección, comprendieron que Jesús era el Salvador enviado por el Padre. Y, cuando experimentaron la acción del Espíritu Santo dentro de sus corazones en Pentecostés, comprendieron que el único Dios era Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Los católicos creemos que la Trinidad es Una. No creemos en tres dioses, sino en un sólo Dios en tres Personas distintas. No es que Dios esté dividido en tres, pues cada una de las tres Personas es enteramente Dios.

Padre, Hijo y Espíritu Santo tienen la misma naturaleza, la misma divinidad, la misma eternidad, el mismo poder, la misma perfección; son un sólo Dios. Además, sabemos que cada una de las Personas de la Santísima Trinidad está totalmente contenida en las otras dos, pues hay una comunión perfecta entre ellas.

Con todo, las personas de la Santísima Trinidad son distintas entre sí, dada la diversidad de su misión: Dios Hijo-por quien son todas las cosas- es enviado por Dios Padre, es nuestro Salvador. Dios Espíritu Santo-en quien son todas las cosas- es el enviado por el Padre y por el Hijo, es nuestro Santificador (viene de la web Catholic.net).

Visitación es el término con el que se designa en el cristianismo a la visita realizada por la Virgen María, embarazada de Jesús, a su pariente Isabel, embarazada a su vez de Juan el Bautista. Se trata de un pasaje único del Evangelio de Lucas (1, 39-56).

"Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno"...(LC. 1, 42).

...De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse... (Hechos de los apóstoles 2, 2-3).

La Fiesta de Pentecostés conmemora la llegada del Espíritu Santo a los discípulos de Jesús, después de la Ascensión. Y, tal como lo prometió, el Maestro no les dejó solos. La promesa del Señor se cumple y la Iglesia comienza a caminar con pujanza gracias al influjo del Espíritu. Los apóstoles, hombres sencillos, pescadores del lago, se convierten en doctores de la fe y predicadores de la Palabra. Ese es el gran milagro de Pentecostés. El Espíritu Santo continúa acompañando a la Iglesia en su, siempre, muy difícil andadura. Pero ahí está...recordando que el amor es camino y meta para salvar al mundo. 

El jueves, 26 de mayo, es el día de la Ascensión. Celebración justo cuarenta días después del Domingo de Resurrección, durante el “Tiempo Pascual”. En esta fecha se conmemora la Ascensión del Señor al cielo, en presencia de sus discípulos tras anunciarles que les enviaría el Espíritu Santo. Es un día festivo en muchos países del mundo, siendo una festividad muy antigua que muestra la glorificación de Jesús. Todo un contrapunto a la humillación sufrida durante el suplicio y la muerte que representa la Semana Santa. La Ascensión de Jesucristo es garantía de nuestra propia subida al Cielo, después del Juicio de Dios.

En muchos lugares, se ha trasladado la observancia al Domingo más próximo. Es lo que se conoce como el Domingo de la Ascensión, que este año será el 24 de mayo y tiene su origen el Nuevo Testamento, Jesucristo se reunió varias veces con sus discípulos durante los 40 días después de su resurrección, con el fin de instruirlos sobre cómo llevar a cabo sus enseñanzas.

...Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo...

Hoy, 24 de Mayo, la Iglesia conmemora una vez más, a la Santísima Virgen, bajo su advocación de María, Auxilio de los Cristianos.

Desde aquí pedimos a María que interceda ante su Hijo, por todas las personas enfermas e impedidas, así como por sus cuidadores; por todas las personas ya no se encuentran entre nosotros y gozan de la vida eterna; y por todos nosotros, para que nos proteja y nos llene de Esperanza.

Madre y “Reina de los Cristianos”

Que orgullosos todos acudimos a Tí

Guíanos, Protégenos y Adviértenos de los peligros

Danos tu mirada del camino correcto

Y enséñanos amar como lo haces Tú